El día que Higui goleó a la justicia

Como contrapartida a aquella postura de que salir a la calle no va a lograr que se detengan los femicidios:

Después de pasar casi siete meses en el Destacamento Femenino de San Martín, procesada por homicidio simple, la justicia resolvió la excarcelación extraordinaria de Eva Analía Dejesús.  O tal vez mejor conocida como Higui.

Eva vivía en Bella Vista, partido de San Miguel, trabajaba cortando el pasto, a veces cartoneaba. Pero a veces ser pobre es, para el ojo del que juzga, un indicio para ser criminal. Sin embargo, Higui nunca estuvo detenida ni tuvo conflictos penales antes de octubre de 2016.

Higui, mujer de 42 años, lesbiana y amante de futbol es una víctima más de la acción y la omisión de una justicia que reproduce y funciona como respaldo del régimen patriarcal, porque el 16 de octubre de 2016, fue la misma que interpretó los hechos en un lenguaje machista. No sólo por el hecho de ser mujer, sino también por ser lesbiana. En su infancia sufrió el abuso sexual de su padrastro. Durante el resto de la vida,  el hostigamiento por su orientación sexual.

Higui había sufrido reiteradas agresiones por parte de una patota y recibía constantes amenazas de “corregirla”. “Te voy a hacer sentir mujer, forra, lesbiana”, le dijo el agresor, miembro de la patota, mientras le rompía el pantalón para intentar violarla. Higui sacó un cuchillo casero que llevaba consigo por si acaso necesitaba defenderse por las brutales agresiones de índole verbal que soportaba, y lo hundió en el cuerpo de su abusador, provocando su muerte.

Como consecuencia el Juzgado de Garantías N°6 de San Martín pidió que la encierren en prisión. Higui estaba golpeada, pero no fue asistida por ningún profesional de la salud. Derechito tras las rejas. Por defenderse de un violador. Porque nuestra justicia sigue el discurso de legitimación patriarcal. Porque es una empresa de disciplinamiento machista. Por ser mujer, pobre y lesbiana.

Pero lo que no supo este órgano injusto, es que Higui no estaba sola. Las Defensorías de Género, un colectivo que denuncia casos de violencia sexista y contiene a las víctimas y junto a otras organizaciones de género, diversidad sexual y orgullo LGBIT organizaron una campaña de movilizaciones para lograr su libertad: “Justicia por Eva”, “Libertad para Higui” fueron muchos de los mensajes que recorrían las calles pidiendo su excarcelación. Incluso el pasado 3 de junio en la tercera edición de Ni Una Menos, la campaña contó con el apoyo de numerosos colectivos y su libertad fue exigida desde Madres y Abuelas.

Hoy es un día para recordar que salir a la calle tiene su resultado, que exigirle al Estado que actúa por omisión ante las políticas de género, aveces funciona. Hoy, Higui, todas juntas, le ganamos por goleada a la justicia.

 

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¿Qué es ser mujer hoy? Puntos fundamentales para entender por qué la inferioridad de la mujer es una imposición cultural.

“Toda opresión crea un estado de guerra, y en este caso no es una excepción”. Simone de Beauvoir

Podrá parecer una obviedad, pero en nuestros tiempos aún no lo es: el papel de la mujer sumiso e inferior es fruto de un devenir histórico. Nada tiene que ver con la naturaleza. Los seres humanos nos distinguimos del resto de la especie animal por ese devenir. La historia nos moldea. Y aquí, también sobrevive el más apto, y no precisamente a la evolución biológica. Es por eso que a las mujeres, al ser parte de una alteridad a los ojos de los hombres, cada vez nos cuesta más sobrevivir. ¿Cómo explicar sino la muerte violenta de una de nosotras cada 30 horas?

Lo cierto es que la opresión de las mujeres y su inferioridad no es un resultado de la naturaleza, tampoco está en su sexo, ni en sus habilidades fìsicas. Toda atribución de comportamiento, apariencia, roles, funciones sexuales y reproductoras nos fueron asignadas según un contexto histórico. Somos lo Otro, en palabras de De Beauvoir. Numerosos estudios antropológicos han definido a las comunidades no occidentales también como aquello que no es lo propio, la otredad. Pero ¿cómo fue entonces que la mujer toma el papel de la alteridad?, ¿cómo se llegó a una guerra de los sexos que en estos días parece estar desatada e incontrolable? Somos en devenir, pero citando a Agnes Heller, que reflexiona sobre Hegel, la prisión del presente sólo permite huidas ilusorias. Estamos presos de nuestra contemporaneidad, en tanto que no podemos modificar nuestra historia, pero sí somos responsables de lo que sucede en nuestro tiempo. Por este motivo, es hora de deconstruir toda creencia impuesta y desnaturalizar esta diferencia.

La ciencia nos determina, la historia nos condiciona

“La mujer está limitada porque su anatomía es más frágil” nos dicen. Con esa excusa las mujeres somos discriminadas en puestos de trabajo, en roles sociales, en comportamientos que podemos tener, y por ende, en nuestro papel en el mundo. Es sabido, que muchas comunidades primitivas, se han regido en familias matriarcales donde la mujer  tiene un rol central de liderazgo político, autoridad moral, control de la propiedad y de la custodia de sus hijos. Dicho esto, queda totalmente defenestrada la creencia. No es nuestra anatomía.

¿Será nuestra sexualidad? Simone de Beauvoir descarta que nuestro sistema reproductor nos condene a la inferioridad y a la sumisión. Es cierto que la mujer está mucho más sometida a la especie que el hombre: la menstruación, la reproducción y la menopausia son algunos de los elementos que esclavizan más a las mujeres a su naturaleza. Pero De Beauvoir rechaza la idea de que esto construya un destino petrificado para la subordinación de la mujer. No es suficiente para definir una jerarquía de los sexos.

Por el lado de la función reproductora, la sexualidad de la mujer se ha reducido pura y exclusivamente a ese rol. A lo largo de la historia, sobre todo a partir de la época victoriana en la que la burguesía ha tomado las riendas del poder, los dispositivos de éste para ejercerse se han modificado. La sexualidad se ha convertido en el blanco del poder para garantizar su ejercicio. No lo digo yo, lo dice Foucault en su Historia de la sexualidad. El cuerpo como máquina, su adiestramiento  y control en paralelo de las disciplinas regulatorias forman parte de una biopolítica de la población: la administración del cuerpo y de la vida. La articulación del cuerpo y las disciplinas que lo regulan tiene lugar en la sexualidad. El poder invade al cuerpo. Y lo hace por medio de la gestión del sexo. Los matrimonios de la heteronorma, la familia conyugal junto a las políticas de control de natalidad son algunos de los triunfos que el poder supo imponer. Todo aquello que no sirva a los intereses de este biopoder es rechazado. La reducción de la mujer a su función reproductora, la invasión a su cuerpo y a las decisiones de ella sobre el mismo son las manifestaciones del “biopoder”. Así todo comportamiento que sea distinto a los que garantizan la efectividad de la biopolítica es psiquiatrizado, tratado como perverso y prohibido. Las diferentes formas de vivir la sexualidad que no entren en la heteronorma son juzgadas, las apariencias que no coinciden con el sexo, los transgénero, entre otros son rechazados por este mecanismo que se impone en nuestras sociedades machistas y patriarcales.

Como no podía ser de otra manera, el discurso científico hegemónico fue soporte de esta ideología impuesta. El psicoanálisis y la histerización de la mujer encuentra la justificación perfecta para entender la subordinación de la mujer y su complejo de castración.

Aún así, la inferioridad femenina no es una particularidad del siglo XIX sino que los vestigios de otras épocas indican que ya era de esta manera.

El paso del régimen feudal al sistema capitalista también implicó un cambio en el papel de la mujer. Dice Simone de Beauvoir, que el materialismo histórico le adjudicó la derrota al sexo femenino desde el surgimiento de la propiedad privada. El hombre se convierte en dueño de los medios de producción, del hogar y también de la mujer. La aparición de la familia patriarcal por excelencia. Pero según la autora de El segundo sexo, no alcanza para explicar la opresión. La aprehensión de la mujer por parte del hombre al igual que de la acumulación originaria no tienen su origen aquí. La caracterización de la mujer como Otro ya existía y fue la que provocó la desigual división del trabajo en el paso al capitalismo y en su papel doméstico. Si no hubiese existido esa pretensión de dominio por el otro, tal vez  distinta hubiese sido la situación.

¡Felicidades! puede que los mecanismos del poder hayan efectuado su cometido con vos.

A estas alturas debería ser clara la diferencia entre lo que es natural y lo que fue construído a lo largo de nuestra historia en cuanto a este tema nos compete. Ahora bien, la mujer en dependencia subordinada al hombre tiene un origen muy remoto. Con el correr histórico ha tenido discursos que le dieron soporte ya sea el científico, el religioso y hasta incluso el lingüístico ha sido manchado cuando al referirse al Hombre como sujeto se incluye también a la mujer. Si hasta hoy el lector pensó que es algo natural, porque Dios lo manda o porque el instinto maternal lo dice lo que llevó a la mujer a un lugar inferior, es importante que sepa que probablemente todos estos discursos compañeros de la ideología dominante han tenido éxito con él.

¿Y ahora?

La deconstrucción de toda imposición cultural es el antídoto a cualquier culpa que pueda sentir el lector por naturalizarlas. También es el camino a la liberación de la mujer. La lucha por desarmar lo que tantos años han creado y tanto dominio ha impuesto es el reto de nuestra contemporaneidad. Retomando a Heller y al principio de este artículo, no hay manera de poder cambiar lo que ya está hecho, pero sí de modificar lo que vendrá. En vísperas del 8 de marzo, tomarse unos minutos de reflexión para entender estas cuestiones y sumarse a la causa es muy oportuno. Culmino con una frase de la protagonista de este artículo y con la que dialogo constantemente:

“Reivindicar para la mujer todos los derechos, todas las oportunidades del ser humano en general, no significa que haya que cerrar los ojos ante lo singular de la situación”

Simone de Beauvoir

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Bibliografía

-De Beauvoir, S. El segundo sexo, 1949

-Foucault, M. “La voluntad del saber” en Historia de la sexualidad, 1976

-Heller, Á. “De la hermenéutica en las ciencias sociales a la hermenéutica de las ciencias sociales” en Políticas de la postmodernidad,  1989

“Le dije que no porque le había prometido a mi hermana que iba a estudiar”

Podría haber sido de otra manera. Hoy tendría veinticuatro años. Hoy podría ser el adulto que nunca fue. Podría tocar la guitarra o tal vez jugar a la pelota. Podría tener un trabajo o estudiar en la universidad. Podría ser (¿quién sabe?) escritor, artista o profesor. Podría ser la alegría de todos los días de su mamá Mónica, al llegar a su casa. También podría esta tarde compartir un mate con su hermana Vanesa. Podría todo esto y mucho más y esa silla estaría ocupada. Si ese 31 de enero de 2009 no se hubiera cruzado con la uniformada maquinaria criminal, enfermedad nacional, a la que le confiamos nuestra seguridad. Cargado de etiquetas sociales, el pibe de Lomas del Mirador, ese que seguro sucumbe a la obediencia por necesidad, ese que no tiene otro futuro más que el criminal, les dijo que no. No fue la primera vez, ya había sido detenido otras veces, bajo la orden policial de: Quedate quieto negrito de mierda porque te voy a volar el pecho de un escopetazo’.
“Le dije que no porque le había prometido a mi hermana que iba a estudiar” fue la Respuesta de Luciano a los reiterados ofrecimientos del personal policial por formar parte de una red delictiva, respaldada obviamente, por el nefasto uniformado azul. Ese era su sueño. Prefirió seguir con su carrito, que algún día lo iba a llevar a otro lugar. Y no lo pudo cumplir.
Y esto es lo que pasa cuando esos invisibles que vos decís que son la miseria del país intentan escapar al futuro criminal que les quieren imponer. Molido a palos, asesinado violentamente por la policía bonaerense, desaparecido por cinco años, y enterrado como NN con complicidad estatal.
La agenda del poder estaba demasiado ocupada como para ocuparse de un negrito menos. Tan ocupada que se tardó cinco años en que se descubriera el paradero de Luciano. Y hoy, ocho años después, la impunidad ante semejante delito de violencia institucional, de terrorismo de estado y de violación a los derechos humanos, sigue intacta. No hay responsables. El Estado se lava las manos, los medios se encargan de invisibilizarlo (porque si no lo ves en la tele y no lo lees en Clarín, no pasa) y se cumple otro año más sin respuesta.
Hay muchos como Luciano que vos no te enterás. Pero acá la causa se la puso al hombro Vanesa Orieta, su hermana. No le tembló el puño para salir a luchar y hasta último momento tuvo los ovarios más admirables.
La lucha sigue. No debemos olvidar y es responsabilidad nuestra reivindicar a Luciano. Los pibes no nacen chorros. Los pibes no son peligrosos, sino que están expuestos al peligro.
Porque es un desaparecido en democracia y víctima del terror estatal: #NiOlvidoNiPerdon #LucianoArrugaPresente

Rupturas y continuidades, quince años después

Recuerdo la primera vez que acompañé a mi papá a votar. Tenía cinco años allá por 1999. No entendía mucho, sólo recuerdo algo de una alianza y que me gustaba pelear a mi papá diciendo que iba a ganar, porque sabía que se ponía loco. A una nena le divertía. Cuando salimos del cuarto oscuro le pregunté a quién había votado. Él me respondió que en el sobre había puesto un trozo de papel higiénico.

─ ¿Por qué hiciste eso? ─ le pregunté. Había desperdiciado su oportunidad de elegir. ─Lo hice para que se vayan todos a limpiar el culo─ respondió.

Me pareció una locura hacer algo así y no lo pude entender.

Hasta que el tiempo le dio la razón

Un dia como hoy, pero hace quince años

Era noche muy parecida a hoy, de esas que, aunque el sol se oculte, el aire pesa, pero en 2001. Estaba por dormirme, dando vueltas en la cama, pero un ruido molesto no me dejaba cerrar los ojos. Me levanté y fui a la cama de mi mamá que, afortunada, había logrado conciliar el sueño. Le pregunté que era el ruido que venía de afuera. Ella se ahorró explicarme lo que significaba un cacerolazo, me dijo que tal vez eran festejos de fin de año. Elegí creerle, hasta que prendimos la tele y reconocí el mismo sonido, pero con una imagen distinta. Gente corriendo con cajas de leche, algunos llorando, la policía enojada, sangre, me dio miedo. Ese tipo, ese tal Alianza, como le decía yo, elegía subirse a su helicóptero y dejar un país en llamas. Pero vino otro, y otro, y otro, y otro, y otro. Todo eso en una semana.

Mamá me decía que la cosa estaba difícil, que Zulema no conseguía trabajo y que su hijo Nacho, que tenía mi edad, no había tenido regalos esa navidad. Una tarde fuimos a la casa de Zulema. Había un cartel gigante en la puerta que decia Polo Obrero. Había mucha gente en su casa, parecía una especie de feria, donde las personas iban a comprar, pero sin billetes, tenías que llevar otras cosas para darles a cambio. Fuimos a conocer el trueque. Con siete años y cierta ingenuidad, me había parecido una salida divertida.

Después de todo yo estaba del otro lado de la televisión.

Recuerdo malas noticias, que coimas en el senado, que saqueos en el Carrefour, que represión y balas de goma, que un conocido de la familia no conseguía trabajo, que al hermano de fulano lo mató la policía. Y si, efectivamente la cosa estaba difícil vieja. Y sí, yo también iba a votar con papel higiénico cuando llegara a la edad suficiente.

 

Hoy, quince años después, lejos de ser esa nena, vuelvo a temer por volver a ver esas caras, me apena tener que recurrir al papel higiénico, me duele ver los sueños que nos habían devuelto tirados por la alcantarilla, me da miedo ser otro Pocho Lepretti, me da terror el uniforme azul, me da pudor pensar en las balas. Hoy, con un poco más de conciencia tal vez, no es un veinte de diciembre más.  O tal vez en su diferencia caben ciertas continuidades de aquel de hace quince años atrás.

20-de-diciembre

Ya sabemos qué es Ni una menos

Es de esas tardes de verano, la hora en la que  el sol se pone y el mundo parece un poco mejor. Para volver a mi casa tengo que esperar un colectivo que como todo domingo en el conurbano una eternidad puede pasar hasta que venga. Decido caminar en vez de esperarlo y de paso aprovechar la tarde. Vengo de estar todo el día pensando la violencia de género, laburando en un cortometraje que denuncia ese drama social y que tan presente tengo en estos tiempos. También, en el marco del Día Internacional por la eliminación de la violencia contra la mujer, pienso en todas las formas no extremas y sutiles que me hicieron víctima de este tipo de violencia. Camino veinte cuadras, me quedan unas diez más. Pero hay algo que me llama la atención hace dos cuadras y es molesto. El ruido de una moto a lenta velocidad atrás mío me hace dar vuelta a mirar. La sensación de estar alerta en la calle la tengo incorporada desde que mi abuela me decía que no camine sola a la hora de la siesta. Nunca quise creer en ese miedo hasta que una vez caminando sola a la hora de la siesta un tipo que pasó en bici me cacheteó el culo. No quise creer en ese miedo hasta que dos tipos me siguieron por veinte minutos hasta que le pedí ayuda a un kiosquero y me escondí en su local. No quise creer en ese miedo hasta que en ese momento que miro al de la moto resulta que es un enfermo que  me está mostrando sus genitales sonriendo perrversamente. Bingo, digo para mí. Acelero el ritmo de mis pasos pero él  sigue con lo suyo, hasta que lo miro de nuevo  y en voz alta y con la voz temblorosa de los nervios intento decirle que es un hijo de puta. Pero no. Ahí otra vez me frenó el miedo. ¿Si el tipo se baja y me hace algo? ¿si me persigue hasta mi casa?. Cosas que normalmente suceden y que debemos estar alerta.
Llego a mi casa sin ningún tipo de sorpresa. Lo cuento con total naturalidad e incluso entre risas. En ese momento me doy cuenta que estoy banalizando lo qué pasó. Me doy cuenta que estoy naturalizando esa violencia que tanto milito en contra y que tan comprometida me creo estar. Me da bronca no saber qué hacer para contribuír a que eso pare. Me enojo conmigo porque no hice nada al respecto.

Ya sabemos todosProcessed with VSCO with p5 preset qué son los femicidios y sabemos de qué va Ni una menos. Pero no sabemos cómo frenar algo tan cotidiano y sutil como esto. Todavía no tengo la respuesta.

Una variable histórica

Y así es como hice las pases con Walter Benjamin, uno de los pioneros de la escuela de Frankfurt y filósofo fundamental con los que te topás cuando entrás a esta casa. Lo odiás o lo amás, pero no pasa desapercibido. Me costó horrores, me llevó tiempo y mucha frustración. Es así que hoy, cerrando otro año más acá adentro, pude captar su esencia. Sus términos tan abstractos e imposible de bajarlos a la realidad nos hicieron sufrir. Pero bastó tomarme unos minutos para que me caiga la ficha de lo que nuestro querido Walter quiso decir, y entender que aplica para todo. Como Benjamin decía en su clásico “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica” los humanos solemos atribuirle cierto valor cultual a aquello que consideramos único. Con el correr histórico, ese valor se fue atrofiando. Eso que concebíamos como único, auténtico e irrepetible se convierte en algo susceptible a la reproducción. Pierde su aura. ¿Qué tendrá esto que ver con la vida? Si, filosofía a martillazos. Esa ruptura solo es posible gracias al paso del tiempo. Este año rompí con todos los cultos que tenía. Lazos que creía irrompibles se hicieron polvo, autenticidades se volvieron vulnerables, prejuicios se volvieron grandes amigos, y aquellas cosas que creía imposibles hoy son de carne y hueso. Sólo fue cuestión de tiempo. La diferencia entre la magia y la técnica no es sino, una variable histórica, y hoy más que nunca. Gracias, hasta el año que viene.

Cómo es escribir a lo Jarcowski

La tarde es gris y el cielo amenaza con empezar a llover mientras el aula 214 se va llenando de curiosos. Quizá sea el espíritu de la fecha, 17 de octubre que trae consigo una carga significativa o tal vez sea sólo casualidad que la cita sea para entrevistar al autor de El Trabajo. Oriundo del sur del conurbano, precisamente de Lanús, Aníbal Jarcowksi logró cautivarnos a todos con la historia de Diana, una mujer que se ve inmersa en una ciudad abatida por una fuerte crisis económica y que ante la búsqueda incesante de trabajo. Para el lector que aún no haya tenido la oportunidad de leerla, El trabajo es la tercera novela de Jarcowski, además de Rojo amor (1993) y Tres (1998). Las grandes dificultades de obtener empleo, negocios que cierran para siempre, las mujeres, el machismo y la discriminación laboral son algunos de los tópicos que, a través de un erotismo tan propio logrado por el autor se despliegan encarnados por distintas historias de vida. Pero no es sólo la trama tan parecida a la realidad de El trabajo, sino que este escritor tiene un estilo de escritura particular que lo distingue. Jarcowski ya está sentado frente a nosotros: estamos listos para escuchar su testimonio. Sobre los bancos del aula se ven listas de preguntas, en otros cuadernos, vasos de café para sobrevivir al final de una tarde de lunes.

¿Cómo es escribir a lo Jarcowski? Siendo en su mayoría alumnos del Taller de expresión y próximos a escribir el trabajo final, las técnicas y recursos aplicados en la escritura, sus consejos y el secreto del proceso de escritura de una novela son algunos de los temas que se tratan a lo largo de esas dos horas de intercambio con el escritor.

En primer lugar, para Jarcowski seleccionar detalles para cada personaje es fundamental. Lo sé porque él nos lo dijo. Un color de pelo para uno, color de ojos para otro, característica física para otro, y así. Esto es para que cada uno tenga un rasgo distintivo que el lector lo recuerde.

En segundo lugar, Jarcowski considera fundamental en literatura explicar lo menos posible y mostrar lo que se quiere contar. Lo sé porque él nos lo dijo. Varios de los presentes sentimos curiosidad por saber el por qué del particular formato de diálogo, del efecto que buscó lograr repitiendo algunas secuencias del día a día de Diana, y el significado de algunos elementos que aparecen con frecuencia. La respuesta es esa: mostrar a través de todos estos recursos sin tener que recurrir a la explicación. Por ejemplo, para contar que en el tiempo de la novela una crisis económica y laboral afecta al país, no se lo explica, sino que a través del accionar de los personajes o de lo que va sucediendo queda explícito: locales que liquidan por cierre, largas filas de mujeres en las entrevistas laborales, la constante búsqueda laboral de Diana en su día a día entre otras marcas que le muestran al lector en qué contexto se está narrando.

 

Ahora llega el momento de hablar del tema de la obra y saber qué es lo que lo inspiró a escribir una novela que roza los hilos de la violencia de género y la discriminación y abuso laboral hacia las mujeres como eje central. Estamos en una fecha particular, cercanos a una convocatoria para las mujeres a realizar un paro y marcha a Plaza de mayo a reclamar justicia por la gran cifra de femicidios y por los derechos de las mujeres. Es un tema que nos tiene sensibles y al tocarlo podemos sentir cómo el aire se espesa. Sin embargo, un café derramado sobre una compañera y las risas descontracturan el ambiente. Los vestigios de una sociedad que había caído en la miseria, la economía quebrada, una tasa de desempleo que asustaba y la desesperación por conseguir un trabajo que dejaron los noventa generaron en el escritor un profundo rechazo. Tanto fue así, que ese sentimiento de desprecio a aquellos años fue el motor para escribir su tercera novela. Tal vez a eso se debe su forma particular de escribir los diálogos: sin signos de exclamación y de pocas palabras. “La gente cuando está mal no habla, o habla poco y nada” es la justificación de Jarcowski de usar ese recurso.

Por último, causa curiosidad saber qué hay detrás de la elección de escribir la novela en tres partes.  No sabe. Es algo que está tratando de descubrir. Pero sí hay algo que nos recomienda antes de escribir los capítulos: saber de antemano qué se va a contar en cada una de esas partes. Una vez que se tiene claro aquello, el resto es parte del proceso de escritura.

Ya es de noche y el aula se oscurece a la vez que se aclaran las curiosidades que queríamos que Jarcowski revele. Detalles, mostrar sin explicar y saber qué contar en cada parte: estos son los tres puntos más importantes que Jarcowski considera que no pueden faltar a la hora de escribir una novela. Lo sé porque él nos lo dijo.