Rusia 2018: el mundial de los derechos humanos

Desplomada en un asiento de la línea B del subterráneo porteño, con una expresión cansada pero aliviada, la Rusa regresa quién sabe a dónde luego de resistir más de 20 horas en el Congreso. Al menos así se ve en una imagen viralizada en redes sociales el pasado 14 de junio, minutos después de que la cámara de diputados diera luz verde a la media sanción de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Quién sabe a dónde, porque su militancia no duerme.

Bautizada como la “Rusa”, por sus amigos en la adolescencia, y reafirmada como tal por sus compañeros de militancia, Myriam Bregman ha tenido una participación indispensable en la batalla cultural para promover la legalización del aborto. En su exposición en las audiencias previas a la discusión en diputados dejó clara su postura a favor: “Porque lucho por la vida, porque la vida es hermosa y queremos que las futuras generaciones puedan vivirla libre de todo mal, opresión y violencia y la disfruten plenamente, lucho por el Aborto Legal Ya, así como peleamos por transformar este
sistema de raíz”.

Pero su activismo feminista no es la única cualidad de la Rusa. Si bien su nombre ha resonado en los medios de comunicación en los últimos años, la militancia de Bregman
comenzó a sus 24 años en el Partido de los Trabajadores Socialistas, un espacio que
nació a fines de la década del ‘80 como un desprendimiento del Movimiento al Socialismo (MAS). Con sus compañeros de militancia fundaron el Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH) y comenzaron a defender a los cientos de trabajadores y jóvenes que terminaban detenidos sin causa o bajo argumentos difusos.

Myriam Bregman es omnipresente: se la rebusca para estar en todas. A lo largo de su
carrera como abogada y dirigente política ha demostrado ser una gran defensora de derechos. Tuvo una participación activa en la búsqueda con vida de Santiago Maldonado y en distintos crímenes de lesa humanidad (entre ellos, en la querella del juicio al genocida Miguel Etchecolatz), en la protección de lxs trabajadorxs y en la lucha contra la represión y violencia institucional. Su vocación la ha posicionado hoy como legisladora porteña por el Frente de Izquierda (2017-2019), y transitó el mandato como Diputada de la Nación por Buenos Aires desde 2015 hasta 2017. En 2018, la Rusa gana por goleada el mundial de los derechos humanos.Captura de pantalla 2018-06-21 a las 12.12.42.png

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Una experiencia religiosa

jazz.jpgCasi como si fuera un ritual, la sala Enrique Muiño del Centro Cultural San Martín se llena martes tras martes hace más de tres décadas. Los fieles espectadores llenan sus butacas desde 1984, cuando Carlos Inzillo inauguró por primera vez Jazzología: el ciclo de jazz más importante del país que cumple este año 34 temporadas. En tiempos de una incipiente democracia y primavera cultural, Inzillo comenzó a notar una fuerte tendencia de la gente a salir y ver espectáculos. Luego de los años oscuros que habían azotado al país, existía un ferviente ánimo de expandirse hacia el arte y la cultura, espacios que habían sido reprimidos durante tanto tiempo.  En ese entonces el flamante fundador, aficionado por el estilo propio de Nueva Orleans, militaba en asociaciones de jazz, que como su nombre lo explicita, eran encuentros de amantes del estilo que se reunían para escuchar música, donde participaban artistas determinados, y finalizaban con un concierto en vivo. Fue así como nació Jazzología, un espacio donde se respira música por casi dos horas y que surgió con la idea de difundir el jazz en todas sus formas y dirigido al público en general.

 

El 4 de septiembre de 1984 por primera vez las tablas del Cultural San Martín vibraron al ritmo del estilo que, si bien comenzó como una prueba piloto, el público le dijo que sí de inmediato a un ciclo que ya lleva más de 2000 encuentros. Es un espacio que inició al igual que el jazz, improvisando, y que en 2018 está más vivo que nunca. “Es como un viaje en el tiempo, uno puede cerrar los ojos y transportarse a esas épocas donde se hacían esas largas noches de buena musica, baile y de mucha alegria”, define José, un devoto espectador, desde la fila de ingreso mientras se prepara para disfrutar una nueva edición. Pero Jazzología no solo es swing, baile y alegría, sino que también se propone divulgar un gran abanico de variantes dentro del estilo, desde ese jazz tradicional que uno se imagina escuchando en un antiguo club de Louisiana en la década del 20, hasta el moderno que desde mediados de los ‘40 fue creciendo a lo largo de los años y provocó su institucionalización.

 

Desde el primer concierto que Jazzología se llena de personas que van en búsqueda de una pausa musical en el medio de la semana. Como un rebaño de creyentes, su público es leal cada martes, día elegido para este ciclo ya que según cuenta Inzillo, es el momento que los artistas solían tener libre para volcarse de lleno en el interés vocacional y escapar a las obligaciones comerciales. “Es un ciclo que convoca al público en general, vienen los que simpatizan con el jazz, gente iniciada en el estilo, gente de 80 pirulos, pero también es grato ver pibes y pibas de veintipico, eso logra un equilibrio. Afortunadamente bajó muchísimo el promedio de edad, viene mucha gente joven, mujeres solas, lo que hace años atrás era impensado”, manifiesta su organizador.

 

Estudiante de clarinete en su juventud, pero con eterna vocación de comunicador, Carlos Inzillo comenta que Jazzología es una parte importante de su vida, y que el inexplicable éxito tras 34 años de agotar localidades, lo lleva a fortalecer todas las ganas y el ímpetu para convocar lo mejor y seguir en su tarea de difusor. “Son muchos años, llegamos a una cantidad impensada de reuniones y logramos permanecer en el tiempo. Es inexplicable porque todos estos años he visto pasar ciclos muy buenos, no de jazz, pero que no tuvieron la misma suerte”, expresa orgulloso. Contra todos los pronósticos pesimistas que anticipaban la muerte del jazz, Inzillo asegura: “Cuando algo se transforma en un clásico, tiene una respuesta tanto para 1984 como para 2018, de modo que es el amor a una expresión artística lo que hace trascender a toda época. El jazz no ha muerto, fue renaciendo de sus cenizas, aparecieron expresiones de fusión, nuevos artistas, un impulso distinto que lo mantiene vivo”.

 

En su temporada 2018, Jazzología continúa en sus habituales martes a las 20.30 y sigue respetando una consigna que es casi una condición: que el ciclo tuviera entrada gratuita. El propósito es que la mayor cantidad de gente posible pueda llegar al jazz y deleitarse con los prestigiosos artistas del mundo jazzístico nacional e internacional que han pisado su escenario como Hernán Oliva, Fats Fernández, Jorge Navarro, Hugo Pierre y Walter Malosetti, entre otros. Inzillo define al espacio como una salida alternativa para que el aficionado que no dispone del dinero pueda participar, sin necesidad de competir con la gran oferta de clubs de jazz que habitan la Ciudad.

 

 

 

 

 

 

Un género del disfrute en la diversidad

Profesionales de la cultura reflexionan sobre la pornografía y la diversidad sexual en los medios de comunicación.

En el marco de la Feria del libro 2018, destacados profesionales del ámbito artístico y comunicacional participaron del Conversatorio: “Porno, Medios y Nuevas Sexualidades”. El evento se llevó a cabo el jueves 2 de mayo en la sala Victoria Ocampo del predio ferial, durante la presentación del libro Variaciones sobre el Porno (Dedalus) del comunicólogo Daniel Mundo.

 El doctor en Ciencias Sociales y profesor en la carrera de Comunicación en la UBA, presentó su volumen en una charla sobre la actualidad del género pornográfico, su vinculación con los medios y diversidades sexuales, que contó con la participación de la directora de cine Albertina Carri y el director y autor teatral Alejandro Casavalle.

En el debate se buscó analizar el papel de la pornografía hoy, en un contexto de proliferación de diferentes maneras de vivir la sexualidad y un género mediático que obedece a la heteronorma. “El porno ha sido siempre disruptivo, un género maldito que ha sido estigmatizado históricamente por el campo cultural y mediático, pero aún tiene límites para transgredir. En la actualidad no podemos seguir figurando la sexualidad como en el siglo XIX, hay que pluralizar el texto pornográfico, hay que reconstruirlo desde otro tipo de prácticas sexuales, dijo al respecto Daniel Mundo.

La cineasta Albertina Carri, en oposición a Daniel consideró que: “Al menos en el género audiovisual, el porno no es para nada transgresor. Es conservador de costumbres y reproductor de conductas heteropatriarcales y eso hay que derribarlo”. Carri es la directora de la película: Las hijas del fuego (2018), ganadora como Mejor película de Competencia argentina en la edición del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI) de este año. El film se basa en la exploración del territorio del goce femenino, sin apelar a la hipersexualización de la mujer que suele ofrecer el género industrial. Su autora difinió: “Es una porno de mujeres que se dedican a gozar”. Desde la perspectiva cinematográfica, Albertina comentó que se inició en el género para romper con las estructuras tradicionales de la pornografía con la que tantas veces se sintió en conflicto.

En la misma línea, Alejandro Casavalle afirmó: “El porno es conservador porque reproduce hábitos y subjetividades hegemónicas y cuestiona a los cuerpos que no son de la industria”. Casavalle es el director de la obra Pornodrama 3.0, que  busca a través de la reflexión teatral una ruptura sobre el cuerpo y lo pornográfico. “Se quiere romper el falocentrismo, correrse de la heternonorma, e imponer cuerpos reales”, comentó.

A pesar de las disidencias en la caracterización del género, los tres especialistas reflexionaron sobre el lugar que debe ocupar el porno en la actualidad y coincidieron en la importancia de asentar en él nuevos valores. En este marco, Albertina propuso: “Hay reconstruir el género como instrumento de disfrute desde la diversidad, cuyo objetivo sea que cada uno y cada una encuentre en la diversidad su forma de goce”.

Al concluir, se brindaron unos minutos de espacio abierto al diálogo con el objetivo de que los espectadores pudieran participar del debate con aportes y/o consultas a los exponentes.

 

 

El día que Higui goleó a la justicia

Como contrapartida a aquella postura de que salir a la calle no va a lograr que se detengan los femicidios:

Después de pasar casi siete meses en el Destacamento Femenino de San Martín, procesada por homicidio simple, la justicia resolvió la excarcelación extraordinaria de Eva Analía Dejesús.  O tal vez mejor conocida como Higui.

Eva vivía en Bella Vista, partido de San Miguel, trabajaba cortando el pasto, a veces cartoneaba. Pero a veces ser pobre es, para el ojo del que juzga, un indicio para ser criminal. Sin embargo, Higui nunca estuvo detenida ni tuvo conflictos penales antes de octubre de 2016.

Higui, mujer de 42 años, lesbiana y amante de futbol es una víctima más de la acción y la omisión de una justicia que reproduce y funciona como respaldo del régimen patriarcal, porque el 16 de octubre de 2016, fue la misma que interpretó los hechos en un lenguaje machista. No sólo por el hecho de ser mujer, sino también por ser lesbiana. En su infancia sufrió el abuso sexual de su padrastro. Durante el resto de la vida,  el hostigamiento por su orientación sexual.

Higui había sufrido reiteradas agresiones por parte de una patota y recibía constantes amenazas de “corregirla”. “Te voy a hacer sentir mujer, forra, lesbiana”, le dijo el agresor, miembro de la patota, mientras le rompía el pantalón para intentar violarla. Higui sacó un cuchillo casero que llevaba consigo por si acaso necesitaba defenderse por las brutales agresiones de índole verbal que soportaba, y lo hundió en el cuerpo de su abusador, provocando su muerte.

Como consecuencia el Juzgado de Garantías N°6 de San Martín pidió que la encierren en prisión. Higui estaba golpeada, pero no fue asistida por ningún profesional de la salud. Derechito tras las rejas. Por defenderse de un violador. Porque nuestra justicia sigue el discurso de legitimación patriarcal. Porque es una empresa de disciplinamiento machista. Por ser mujer, pobre y lesbiana.

Pero lo que no supo este órgano injusto, es que Higui no estaba sola. Las Defensorías de Género, un colectivo que denuncia casos de violencia sexista y contiene a las víctimas y junto a otras organizaciones de género, diversidad sexual y orgullo LGBIT organizaron una campaña de movilizaciones para lograr su libertad: “Justicia por Eva”, “Libertad para Higui” fueron muchos de los mensajes que recorrían las calles pidiendo su excarcelación. Incluso el pasado 3 de junio en la tercera edición de Ni Una Menos, la campaña contó con el apoyo de numerosos colectivos y su libertad fue exigida desde Madres y Abuelas.

Hoy es un día para recordar que salir a la calle tiene su resultado, que exigirle al Estado que actúa por omisión ante las políticas de género, aveces funciona. Hoy, Higui, todas juntas, le ganamos por goleada a la justicia.

 

¿Qué es ser mujer hoy? Puntos fundamentales para entender por qué la inferioridad de la mujer es una imposición cultural.

“Toda opresión crea un estado de guerra, y en este caso no es una excepción”. Simone de Beauvoir

Podrá parecer una obviedad, pero en nuestros tiempos aún no lo es: el papel de la mujer sumiso e inferior es fruto de un devenir histórico. Nada tiene que ver con la naturaleza. Los seres humanos nos distinguimos del resto de la especie animal por ese devenir. La historia nos moldea. Y aquí, también sobrevive el más apto, y no precisamente a la evolución biológica. Es por eso que a las mujeres, al ser parte de una alteridad a los ojos de los hombres, cada vez nos cuesta más sobrevivir. ¿Cómo explicar sino la muerte violenta de una de nosotras cada 30 horas?

Lo cierto es que la opresión de las mujeres y su inferioridad no es un resultado de la naturaleza, tampoco está en su sexo, ni en sus habilidades fìsicas. Toda atribución de comportamiento, apariencia, roles, funciones sexuales y reproductoras nos fueron asignadas según un contexto histórico. Somos lo Otro, en palabras de De Beauvoir. Numerosos estudios antropológicos han definido a las comunidades no occidentales también como aquello que no es lo propio, la otredad. Pero ¿cómo fue entonces que la mujer toma el papel de la alteridad?, ¿cómo se llegó a una guerra de los sexos que en estos días parece estar desatada e incontrolable? Somos en devenir, pero citando a Agnes Heller, que reflexiona sobre Hegel, la prisión del presente sólo permite huidas ilusorias. Estamos presos de nuestra contemporaneidad, en tanto que no podemos modificar nuestra historia, pero sí somos responsables de lo que sucede en nuestro tiempo. Por este motivo, es hora de deconstruir toda creencia impuesta y desnaturalizar esta diferencia.

La ciencia nos determina, la historia nos condiciona

“La mujer está limitada porque su anatomía es más frágil” nos dicen. Con esa excusa las mujeres somos discriminadas en puestos de trabajo, en roles sociales, en comportamientos que podemos tener, y por ende, en nuestro papel en el mundo. Es sabido, que muchas comunidades primitivas, se han regido en familias matriarcales donde la mujer  tiene un rol central de liderazgo político, autoridad moral, control de la propiedad y de la custodia de sus hijos. Dicho esto, queda totalmente defenestrada la creencia. No es nuestra anatomía.

¿Será nuestra sexualidad? Simone de Beauvoir descarta que nuestro sistema reproductor nos condene a la inferioridad y a la sumisión. Es cierto que la mujer está mucho más sometida a la especie que el hombre: la menstruación, la reproducción y la menopausia son algunos de los elementos que esclavizan más a las mujeres a su naturaleza. Pero De Beauvoir rechaza la idea de que esto construya un destino petrificado para la subordinación de la mujer. No es suficiente para definir una jerarquía de los sexos.

Por el lado de la función reproductora, la sexualidad de la mujer se ha reducido pura y exclusivamente a ese rol. A lo largo de la historia, sobre todo a partir de la época victoriana en la que la burguesía ha tomado las riendas del poder, los dispositivos de éste para ejercerse se han modificado. La sexualidad se ha convertido en el blanco del poder para garantizar su ejercicio. No lo digo yo, lo dice Foucault en su Historia de la sexualidad. El cuerpo como máquina, su adiestramiento  y control en paralelo de las disciplinas regulatorias forman parte de una biopolítica de la población: la administración del cuerpo y de la vida. La articulación del cuerpo y las disciplinas que lo regulan tiene lugar en la sexualidad. El poder invade al cuerpo. Y lo hace por medio de la gestión del sexo. Los matrimonios de la heteronorma, la familia conyugal junto a las políticas de control de natalidad son algunos de los triunfos que el poder supo imponer. Todo aquello que no sirva a los intereses de este biopoder es rechazado. La reducción de la mujer a su función reproductora, la invasión a su cuerpo y a las decisiones de ella sobre el mismo son las manifestaciones del “biopoder”. Así todo comportamiento que sea distinto a los que garantizan la efectividad de la biopolítica es psiquiatrizado, tratado como perverso y prohibido. Las diferentes formas de vivir la sexualidad que no entren en la heteronorma son juzgadas, las apariencias que no coinciden con el sexo, los transgénero, entre otros son rechazados por este mecanismo que se impone en nuestras sociedades machistas y patriarcales.

Como no podía ser de otra manera, el discurso científico hegemónico fue soporte de esta ideología impuesta. El psicoanálisis y la histerización de la mujer encuentra la justificación perfecta para entender la subordinación de la mujer y su complejo de castración.

Aún así, la inferioridad femenina no es una particularidad del siglo XIX sino que los vestigios de otras épocas indican que ya era de esta manera.

El paso del régimen feudal al sistema capitalista también implicó un cambio en el papel de la mujer. Dice Simone de Beauvoir, que el materialismo histórico le adjudicó la derrota al sexo femenino desde el surgimiento de la propiedad privada. El hombre se convierte en dueño de los medios de producción, del hogar y también de la mujer. La aparición de la familia patriarcal por excelencia. Pero según la autora de El segundo sexo, no alcanza para explicar la opresión. La aprehensión de la mujer por parte del hombre al igual que de la acumulación originaria no tienen su origen aquí. La caracterización de la mujer como Otro ya existía y fue la que provocó la desigual división del trabajo en el paso al capitalismo y en su papel doméstico. Si no hubiese existido esa pretensión de dominio por el otro, tal vez  distinta hubiese sido la situación.

¡Felicidades! puede que los mecanismos del poder hayan efectuado su cometido con vos.

A estas alturas debería ser clara la diferencia entre lo que es natural y lo que fue construído a lo largo de nuestra historia en cuanto a este tema nos compete. Ahora bien, la mujer en dependencia subordinada al hombre tiene un origen muy remoto. Con el correr histórico ha tenido discursos que le dieron soporte ya sea el científico, el religioso y hasta incluso el lingüístico ha sido manchado cuando al referirse al Hombre como sujeto se incluye también a la mujer. Si hasta hoy el lector pensó que es algo natural, porque Dios lo manda o porque el instinto maternal lo dice lo que llevó a la mujer a un lugar inferior, es importante que sepa que probablemente todos estos discursos compañeros de la ideología dominante han tenido éxito con él.

¿Y ahora?

La deconstrucción de toda imposición cultural es el antídoto a cualquier culpa que pueda sentir el lector por naturalizarlas. También es el camino a la liberación de la mujer. La lucha por desarmar lo que tantos años han creado y tanto dominio ha impuesto es el reto de nuestra contemporaneidad. Retomando a Heller y al principio de este artículo, no hay manera de poder cambiar lo que ya está hecho, pero sí de modificar lo que vendrá. En vísperas del 8 de marzo, tomarse unos minutos de reflexión para entender estas cuestiones y sumarse a la causa es muy oportuno. Culmino con una frase de la protagonista de este artículo y con la que dialogo constantemente:

“Reivindicar para la mujer todos los derechos, todas las oportunidades del ser humano en general, no significa que haya que cerrar los ojos ante lo singular de la situación”

Simone de Beauvoir

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Bibliografía

-De Beauvoir, S. El segundo sexo, 1949

-Foucault, M. “La voluntad del saber” en Historia de la sexualidad, 1976

-Heller, Á. “De la hermenéutica en las ciencias sociales a la hermenéutica de las ciencias sociales” en Políticas de la postmodernidad,  1989

“Le dije que no porque le había prometido a mi hermana que iba a estudiar”

Podría haber sido de otra manera. Hoy tendría veinticuatro años. Hoy podría ser el adulto que nunca fue. Podría tocar la guitarra o tal vez jugar a la pelota. Podría tener un trabajo o estudiar en la universidad. Podría ser (¿quién sabe?) escritor, artista o profesor. Podría ser la alegría de todos los días de su mamá Mónica, al llegar a su casa. También podría esta tarde compartir un mate con su hermana Vanesa. Podría todo esto y mucho más y esa silla estaría ocupada. Si ese 31 de enero de 2009 no se hubiera cruzado con la uniformada maquinaria criminal, enfermedad nacional, a la que le confiamos nuestra seguridad. Cargado de etiquetas sociales, el pibe de Lomas del Mirador, ese que seguro sucumbe a la obediencia por necesidad, ese que no tiene otro futuro más que el criminal, les dijo que no. No fue la primera vez, ya había sido detenido otras veces, bajo la orden policial de: Quedate quieto negrito de mierda porque te voy a volar el pecho de un escopetazo’.
“Le dije que no porque le había prometido a mi hermana que iba a estudiar” fue la Respuesta de Luciano a los reiterados ofrecimientos del personal policial por formar parte de una red delictiva, respaldada obviamente, por el nefasto uniformado azul. Ese era su sueño. Prefirió seguir con su carrito, que algún día lo iba a llevar a otro lugar. Y no lo pudo cumplir.
Y esto es lo que pasa cuando esos invisibles que vos decís que son la miseria del país intentan escapar al futuro criminal que les quieren imponer. Molido a palos, asesinado violentamente por la policía bonaerense, desaparecido por cinco años, y enterrado como NN con complicidad estatal.
La agenda del poder estaba demasiado ocupada como para ocuparse de un negrito menos. Tan ocupada que se tardó cinco años en que se descubriera el paradero de Luciano. Y hoy, ocho años después, la impunidad ante semejante delito de violencia institucional, de terrorismo de estado y de violación a los derechos humanos, sigue intacta. No hay responsables. El Estado se lava las manos, los medios se encargan de invisibilizarlo (porque si no lo ves en la tele y no lo lees en Clarín, no pasa) y se cumple otro año más sin respuesta.
Hay muchos como Luciano que vos no te enterás. Pero acá la causa se la puso al hombro Vanesa Orieta, su hermana. No le tembló el puño para salir a luchar y hasta último momento tuvo los ovarios más admirables.
La lucha sigue. No debemos olvidar y es responsabilidad nuestra reivindicar a Luciano. Los pibes no nacen chorros. Los pibes no son peligrosos, sino que están expuestos al peligro.
Porque es un desaparecido en democracia y víctima del terror estatal: #NiOlvidoNiPerdon #LucianoArrugaPresente

Rupturas y continuidades, quince años después

Recuerdo la primera vez que acompañé a mi papá a votar. Tenía cinco años allá por 1999. No entendía mucho, sólo recuerdo algo de una alianza y que me gustaba pelear a mi papá diciendo que iba a ganar, porque sabía que se ponía loco. A una nena le divertía. Cuando salimos del cuarto oscuro le pregunté a quién había votado. Él me respondió que en el sobre había puesto un trozo de papel higiénico.

─ ¿Por qué hiciste eso? ─ le pregunté. Había desperdiciado su oportunidad de elegir. ─Lo hice para que se vayan todos a limpiar el culo─ respondió.

Me pareció una locura hacer algo así y no lo pude entender.

Hasta que el tiempo le dio la razón

Un dia como hoy, pero hace quince años

Era noche muy parecida a hoy, de esas que, aunque el sol se oculte, el aire pesa, pero en 2001. Estaba por dormirme, dando vueltas en la cama, pero un ruido molesto no me dejaba cerrar los ojos. Me levanté y fui a la cama de mi mamá que, afortunada, había logrado conciliar el sueño. Le pregunté que era el ruido que venía de afuera. Ella se ahorró explicarme lo que significaba un cacerolazo, me dijo que tal vez eran festejos de fin de año. Elegí creerle, hasta que prendimos la tele y reconocí el mismo sonido, pero con una imagen distinta. Gente corriendo con cajas de leche, algunos llorando, la policía enojada, sangre, me dio miedo. Ese tipo, ese tal Alianza, como le decía yo, elegía subirse a su helicóptero y dejar un país en llamas. Pero vino otro, y otro, y otro, y otro, y otro. Todo eso en una semana.

Mamá me decía que la cosa estaba difícil, que Zulema no conseguía trabajo y que su hijo Nacho, que tenía mi edad, no había tenido regalos esa navidad. Una tarde fuimos a la casa de Zulema. Había un cartel gigante en la puerta que decia Polo Obrero. Había mucha gente en su casa, parecía una especie de feria, donde las personas iban a comprar, pero sin billetes, tenías que llevar otras cosas para darles a cambio. Fuimos a conocer el trueque. Con siete años y cierta ingenuidad, me había parecido una salida divertida.

Después de todo yo estaba del otro lado de la televisión.

Recuerdo malas noticias, que coimas en el senado, que saqueos en el Carrefour, que represión y balas de goma, que un conocido de la familia no conseguía trabajo, que al hermano de fulano lo mató la policía. Y si, efectivamente la cosa estaba difícil vieja. Y sí, yo también iba a votar con papel higiénico cuando llegara a la edad suficiente.

 

Hoy, quince años después, lejos de ser esa nena, vuelvo a temer por volver a ver esas caras, me apena tener que recurrir al papel higiénico, me duele ver los sueños que nos habían devuelto tirados por la alcantarilla, me da miedo ser otro Pocho Lepretti, me da terror el uniforme azul, me da pudor pensar en las balas. Hoy, con un poco más de conciencia tal vez, no es un veinte de diciembre más.  O tal vez en su diferencia caben ciertas continuidades de aquel de hace quince años atrás.

20-de-diciembre